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Cuentos de Hadas

Bestia Peluda

LA Bestia Peluda

No muchas personas conocen el cuento de la Bestia Peluda, al menos en el habla hispana. No obstante, aquí podrás leer el cuento original, un cuento que no dejará a nadie indiferente.

En este cuento se podrá apreciar grandes enseñanzas que harán que este sea uno de tus cuentos de hadas favoritos.


Había una vez en un país lejano, un rey y una reina. La reina era la mujer más bella de la Tierra y tenía una cabellera de oro. Cierto día se enfermó gravemente y al saber que su muerte estaba próxima, dijo a su esposo que si deseaba casarse nuevamente, eligiera una mujer tan hermosa como ella y que prometiera que la elegiría con el cabello dorado.

El rey consintió en prometerlo y ella pudo morir en paz. Estuvo desconsolado durante muchísimo tiempo, sin deseos de volver a casarse. Hasta que sus consejeros le pidieron que buscase nueva reina.

Se enviaron emisarios a recorrer el mundo, en busca de una belleza que se comparara con la fallecida reina, pero no la encontraron. Era una empresa difícil, pues debería además, tener cabellos de oro. Regresaron entonces, sin poder concretar su misión.

Fue entonces que el rey se fijó en su sobrina, que era el vivo retrato de la difunta reina, hasta tenía su cabello. Era tan idéntica a su esposa, que no tardó en enamorarse de ella y decidió casarse con la sobrina.

Cuando la sobrina se enteró de las intenciones de su tío, quedó espantada, pues ella amaba a un joven noble, de modo que meditó sobre una forma para hacer desistir al tío de su resolución.

– Para que acepte vuestra propuesta, deberéis regalarme tres vestidos: uno dorado, como el sol; otro plateado, como la luna y el tercero, brillante como las estrellas. También quiero un abrigo confeccionado con mil pieles diferentes.

La muchacha pensaba que el rey nunca podría satisfacer sus caprichos. Pero se equivocó, el rey hizo confeccionar los vestidos y el abrigo, y cuando estuvieron listos, llamó a su sobrina:

– Mañana nos casaremos.- dijo mientras presentaba los regalos a la sobrina.

La joven comprendió que no tenía escapatoria y decidió huir. Mientras todos dormían, tomó un anillo, una rueca diminuta y una devanadera, todas de oro. Las guardó en una nuez mágica, junto con los tres vestidos. Se tiznó la cara, las manos y se colocó el abrigo de pieles.

Escapó hacia el bosque y estuvo marchando durante toda la noche, hasta que encontró un bosque enorme. Se internó en la espesura y no anduvo mucho, cuando se sintió muy cansada, por lo que se sentó en el hueco de un árbol, donde se quedó dormida.

El sol estaba muy alto cuando, el rey dueño del bosque llegó de cacería acompañado por sus perros y los cazadores. Los perros detectaron a la joven dormida dando la señal, por lo que los cazadores llegaron a ver al animal que se escondía en el árbol.

– En el hueco del árbol hay un animal asombroso, con el pellejo de mil pieles distintas. Está echado, durmiendo.- dijeron los cazadores asombrados.

El rey ordenó que intentaran capturarlo vivo. Los cazadores sujetaron al animal, que se despertó gritando:

– Soy una pobre muchacha abandonada, sin padre ni madre. Tened piedad de mí y llevadme con vosotros.

– Pareces una bestia peluda, puedes servirnos en la cocina. Te llevaremos y barrerás las cenizas.

“Bestia Peluda” fue trasladada al palacio, donde le asignaron una pequeña estancia al pie de la escalera, en la que el sol no entraba. Debió entonces ocuparse de las tareas pesadas.

Vivió en aquella cocina por mucho tiempo, realizando los trabajos más ingratos, hasta que un día, el rey dio una fiesta en palacio. La joven aprovechó para pedir al cocinero permiso para ir a ver un ratito la fiesta. El cocinero se lo permitió, pero debía regresar al cabo de media hora, para retirar las cenizas de la estufa.

La joven bajó a la estancia donde dormía, se quitó el abrigo de pieles, se lavó y se puso el vestido dorado como el sol y entró en la fiesta, donde todos la admiraron. El rey fue a recibirla y la invitó a bailar. Cuando el baile acabó, ella desapareció rápidamente, sin que el rey alcanzara a ver por dónde salía.

“Bestia Peluda” corrió a cambiarse para volver a su puesto. Al llegar a la cocina, el cocinero le pidió que preparara la sopa para el rey, pues él también quería contemplar la fiesta.

La joven preparó la sopa lo mejor que pudo y cuando estuvo lista, le echó su anillo de oro en la sopera.

El rey comió su sopa y estuvo muy complacido, pues le resultó deliciosa. Cuando terminó, encontró el anillo en el fondo del plato. Intrigado por tal suceso, mandó buscar al cocinero para interrogarlo.

En principio, el cocinero afirmaba que la sopa era obra suya, pero como el rey había notado la diferencia, terminó por admitir que la había hecho “Bestia Peluda”. Entonces el rey mandó llamara la muchacha y la interrogó, sin obtener ninguna respuesta satisfactoria.

Tiempo después, el rey celebró otra fiesta y nuevamente “Bestia Peluda” pidió autorización para verla. Esta vez debía volver a tiempo para preparar la sopa favorita del rey. Corrió hasta su estancia a cambiarse, usaría el vestido plateado como la luna. Entró en el salón y nuevamente fue recibida por el rey, que la invitó a bailar. Apenas terminó la danza, la joven desapareció como la vez anterior. Retornó a la cocina y preparó la sopa, pero esta vez le echó la pequeña rueca de oro. El rey disfrutó de su sopa y encontró la rueca. Hizo traer a la muchacha otra vez ante sí y ella volvió a contestar con evasivas.

Hubo una tercera fiesta y todo ocurrió como en las anteriores. “Bestia Peluda” se puso esta vez su traje brillante como estrellas y se presentó en la fiesta. Esta vez, el rey estaba prevenido y le colocó una sortija en el dedo sin que ella lo notara, dio además, instrucciones a los músicos para que la pieza durara mucho tiempo. De este modo, la muchacha tuvo que continuar bailando más tiempo del que le estaba permitido y cuando salió finalmente, no tenía tiempo de cambiarse, así que se tiznó a toda prisa, se puso la piel sobre el vestido y corrió a la cocina a preparar la sopa. En esta ocasión, echó la devanadera.

El rey encontró el objeto y mandó llamar a la muchacha. Cuando estuvo frente a ella, notó la sortija en su dedo mal tiznado. La muchacha trató de evadirse y el rey le quitó el abrigo, dejando al descubierto sus cabellos de oro y su traje radiante. Limpió el rostro de la joven y reconoció a su amada. Se casaron de inmediato y nunca volvieron a separarse.

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