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Una curiosa mascota

Una curiosa mascota

Una pareja de ancianos, los cuales ya habían logrado cumplir los 75 años de edad, decidieron adquirir una mascota para que les haga compañía, puesto que sus hijos y nietos nunca iban a visitarlos, es por ello que se dirigieron a la tienda de animales más grande de la ciudad, en donde vieron todas las especies de animales domésticas, pero no se decidieron por ninguna, hasta tal punto en que vieron a una boa constrictor, una especie muy rara de serpientes.

En un principio el vendedor de la tienda de animales les advirtió a esta pareja de ancianos que no se trataba de un animal doméstico común y corriente, puesto que requería de mucha atención, como así también de alimentación adecuada, ya que mientras iba creciendo tendrían que darle alimentos muy específicos y cada vez en mayor cantidad.

Igualmente esta pareja de ancianos decidió adquirir esta rara serpiente y tenerla en su casa. La serpiente era la atracción del vecindario, por lo que ahora no tan solo los familiares de esta pareja de ancianos querían pasar largo tiempo en su casa, sino que también muchos vecinos que ya casi ni saludaban tocaban la puerta desesperados por conocer a esta rara y exótica especie animal.

La boa constrictor era bastante amigable con esta pareja de ancianos, es por ello que rápidamente pensaron que se había adaptado al ambiente, es por ello que la dejaban circular alrededor de la casa e incluso acostumbraba a dormir en la misma habitación que la pareja de ancianos.

Un día, mientras su esposo dormía, la mujer decidió ir al veterinario para consultarle al especialista sobre un tema muy particular, ya que la serpiente no había probado ni un bocado de la comida que habitualmente le daban, y esto se sucedía continuamente hace 15 días. El veterinario rápidamente se alarmó y le preguntó si había visto algo extraño en el comportamiento de la serpiente últimamente, a lo que la mujer recordó que ahora había comenzado a dormir junto a ellos sobre la cama, pero no les llamó la atención, puesto que pensaban que era simplemente una muestra de cariño.

El veterinario le dijo a la mujer que rápidamente vaya a su casa y retire a la serpiente de allí, ya que se estaba preparando para comerlos, pero cuando la mujer llegó a su casa vio que su marido no se encontraba, y encontró a la serpiente comiéndolo.

La Nana

La Nana

Con paso silencioso ni siquiera perturba la calma sepulcral de la noche en la ciudad. Lleva un vestido floreado que le llega hasta los tobillos y su cabello cenizo va suelto sobre sus hombros. Ella es la protectora de los niños olvidados, despojados de familia y techo. Sus acciones apenas son percibidas por los peatones atareados que transitan sin mirar.

Se detiene con los lamentos desconsolados y los sonidos de estómagos hambrientos, confortando a quien mire dentro de sus ojos cristalinos. Comienza su recorrido bien entrada la noche en las zonas más pobres y desoladas de Caracas, dejando una estela de olor a café recién hecho. Al igual que su procedencia, su edad es desconocida, quienes la han visto afirman que puede tener incluso más de cien años, pero sus apariciones se remontan a fechas mucho más antiguas que su edad. Va tarareando canciones de cuna para que los niños concilien el sueño y murmura, para quien se detiene a escucharla, que ella es la nana de todos los venezolanos.

Sin embargo, hay un cuento de miedo que dice que La Nana tiene la capacidad de lanzar maldiciones y mala suerte a las personas que se burlen de ella, ya que al ser una señora muy mayor, con un aspecto bastante descuidado, es objeto de diversas burlas y abusos.

Dicen por ahí que ha sido capaz de decirle a jóvenes abusadores que morirán en los próximos días, y lo más escalofriante de esta historia confusa que mezcla ternura, compasión y amor con terror y venganza, es que las palabras de La Nana se han hecho realidad.

Nadie sabe nada de La Nana, solo que lleva muchísimos años apareciéndose por las calles de la capital venezolana y que ha sido la más implacable a la hora de castigar a quienes se han burlado de ella, pero también que ha ayudado a los más desfavorecidos y los ha protegido de los peligros de la calle.

La pequeña habitante del closet

La pequeña habitante del closet

El chico pidió, lloró y suplicó a sus padres que lo dejaran con ellos, pero la respuesta fue un rotundo NO. El especialista fue muy claro:

Las peleas que está teniendo su hijo no son cosa común, tienen que castigarle para que deje de pegar a otros chicos. Su conducta es, cuando menos, preocupante.

Los padres estaban cumpliendo la recomendación, les dolía ver al chico temeroso, pero ya entendían que todo eran tretas para quebrar su voluntad y ser consentido.

En su cuarto, el chico se acostó y se tapó por completo con la sabana queriendo dormirse de inmediato… no lo logró. 2 o 3 horas después seguía despierto y sintió abrirse el closet muy, muy lentamente. Sabía lo que pasaría, ya tenía más de un mes viviéndolo pero el terror nunca lo abandonaba, tarde o temprano no podría cumplir y…

Una pequeña zapatilla blanca asomó por la puerta seguida de una manita pequeña y una chiquilla salió del closet, toda vestida de blanco. La chiquilla era en apariencia un ángel, sus ojos de un gris tan claro que parecían blancos por completo hipnotizaban a cualquiera.

La vio acercarse a la cama lentamente, mirándolo, y al llegar a su lado le sonrió, estirando la manita. Su sonrisa era… casi perfecta, de no ser por los dos horribles colmillos que le asomaban apenas abría la boca. El pequeño metió la mano bajó su almohada y sacó una pequeña bolsa de plástico con sangre adentro. Tenía casi un mes peleando todos los días para darle un poco de sangre recogida de los chicos que golpeaba en la noche a aquella pequeña vampira y por más que trató de explicarlo nadie le creía, mucho menos cuando al revisar su closet varias veces, nunca encontraron nada extraño. Así siguió durmiendo luego de complacer a su terrorífica compañera de habitación, La Pequeña Habitante del Closet.

La panadería

La panadería

Luego de muchos años de sacrificio, por fin Joel había juntado los ahorros suficientes para abrir su propio negocio. Se trataba de una panadería que se encontraba a las afueras del reino. Era un pequeño local con paredes de madera. Sin embargo, al fondo se hallaba un gran horno de piedra.

Todos los días antes del amanecer Joel preparaba sus panes con gran esmero. La mayoría de las personas que entraban a su local, volvían una y otra vez pues decían que el sabor de sus productos era inigualable.

Sin embargo, su suerte duró poco pues Isidro (el hijo mayor del recaudador de impuestos) abrió un negocio similar a unos cuantos pasos de distancia. El dinero era una de las pocas cosas que no le interesaban a Isidro, ya que gracias a su padre, podía acceder a grandes sumas con sólo mover un dedo.

Lo que lo motivaba a emprender tal acción era el deseo de destruir a la clase trabajadora del reino. Su nombre era ya conocido por don Evaristo, el antiguo dueño del molino y por Don Marcelino el otrora propietario de la pescadería.

La táctica era muy sencilla, ofrecer precios bajos aunque los productos fueran de muy mala calidad. Desde luego, las personas de ese reino recibían un salario bajo, con lo que una opción como la que ofrecía Isidro era la más conveniente para sus bolsillos.

Poco antes de que Joel tomara la decisión de clausurar su negocio y volver a las labores del campo, se enteró de que en el reino habría un concurso de panaderos. El primer premio consistía en convertirse en el hornero principal de su majestad. Ante tal noticia, Joel se entusiasmó muchísimo y fue rápidamente a inscribirse.


En la etapa preliminar había 40 competidores, por lo que se esperaba una competencia seria y reñida. Una a una las rondas se fueron sucediendo hasta que quedaron solamente dos contrincantes: Joel e Isidro.

Como en todo gran cuento la justicia ponía frente a frente al gigante contra el pequeño (muy al estilo de David y Goliat).

Faltando sólo un día para la gran final, un incendio misterioso acabó con el local y las provisiones de Joel. Todos los sueños que el joven había forjado, quedaban en un instante convertidos en cenizas.

Nunca se supo quién fue el culpable de ese acto, no obstante, la gente culpaba en silencio al hijo del colector.

Su intervención en esos acontecimientos se hizo todavía más evidente cuando Isidro le ofreció a Joel una bolsa repleta de monedas de oro con tal de que abandonase el concurso. Sin embargo el chico no aceptó y las cosas siguieron su cauce.

La noche anterior al duelo Joel se le acercó a su abuelo y le dijo:

– ¿Qué voy hacer abuelo? No tengo dinero más que para comprar un costal de harina. Sólo podré hornear pan blanco.

– No te desanimes hijo, el bien siempre triunfa sobre el mal. Aunque a veces esas victorias tomen más tiempo de lo esperado.


A las cinco de la mañana, se escucharon las ruedas de un carruaje. Joel corrió a ver qué pasaba y descubrió que en su pórtico descansaban toda clase de ingredientes deliciosos (frutas, azúcar, harina, huevos etcétera). En uno de esos costales se podía leer la inscripción “Tienes lo que necesitas, ahora a ganar”.

La derrota de Isidro fue aplastante. Joel se convirtió en el hornero del reino y contribuyó a que otros tuvieran los mismos deseos de superación. Sin embargo, nunca supo a quién agradecerle su éxito.

Por si se lo preguntan, el extraño benefactor no fue otro que el padre de Isidro, pues quería darle una buena lección a su hijo. “El dinero no compra el talento”.