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Cuentos de Hadas

Cementerio de Vidas

Cementerio de Vidas

Cuenta la historia que hace mucho tiempo existía un caminante que iba de pueblo en pueblo conociendo su cultura y tradiciones, éste dejaba plasmada cada historia en libros que solía cargar consigo y dejarlos en otros lugares, para que otros pueblos lejanos conocieran la cultura y forma de vivir de otros pobladores del mundo y así unirlos a través de sus historias.

A este caminante, le encantaba visitar los cementerios de cada pueblo donde llegaba, porque decía que allí estaban las personas que habían hecho historia, por lo que se sentaba en ellos a esperar a sus familiares para saber sobre sus vidas y el cómo llegaron hasta allí.

Cuando alguien se le acercaba y le preguntaba por qué iba de pueblo en pueblo, el caminante le respondía: “estoy buscando la forma de aprender a vivir, mi intención es descubrir el secreto de la verdadera felicidad, pero para ello tengo que conocer lo que hace feliz a la gente, lo que los demás recuerdan de alguien cuando ya no está en vida, lo que los hace sonreír, lo que añoran…por eso seguiré caminando hasta encontrar la respuesta”

Lo cierto es que el caminante nunca conoció a sus padres, vivió en un orfanato por muchos años hasta que una pareja que no podía tener hijos lo adoptó. Su vida cambió totalmente, él fue muy feliz hasta que sus padres adoptivos murieron y con nadie a su lado, decidió viajar por el mundo para conocer otras historias.

Cada vez que llegaba a un lugar y salía de este, se convencía cada vez más de que lo él había vivido no era nada comparado con la vida que llevan otras personas. Ello lo impulsaba a seguir al siguiente pueblo y así siguió por muchos años.

Un día, al llegar a la entrada de un apartado pueblo, se sorprendió que en la entrada lo recibió una gran pancarta que decía “Bienvenido al pueblo de la felicidad, donde se vive para morir”, por un momento pensó en regresarse pero siguió caminando.

A solo unos cuantos pasos, notó que estaba caminando por dentro de un cementerio, el cual estaba lleno de muchas lápidas blancas, las cuales tenían el nombre de la persona fallecida, la fecha de nacimiento y la edad en que murieron, lo que le sorprendió a un más, es que todas las edades inscritas en las lápidas no llegaban a pasar los 20 años de edad…”Juan Melado, nació el 25-08-39 edad 7 años” “Magalis Cepedra, nació el 8-10-94 edad 10 años” “Cipriano Justo, nació el 16-01-2020 edad 5 años” “Maricarmen Gutarma, nació del 04-5-1976 edad 15 años” y así sucesivamente.

¿Qué estaba pasando en ese pueblo que la gente estaba muriendo tan joven? ¿Qué quería decir el letrero de bienvenida del lugar? ¿Será que existe una enfermedad que no deja vivir por muchos más años a las personas? Estas eran algunas de las preguntas que se hacía el caminante, el cual aún no salía del asombro. Al salir del cementerio, notó que había un anciano sentado frente a algunas casas y se alegró al verlo, pues eso le indicaba que sí habían personas mayores en ese lugar y decidió acercarse a él.

Después de saludarlo le preguntó “¿Usted podría decirme porque el letrero de bienvenida a este pueblo dice que aquí se vive para morir?, ¿Tiene acaso algo que ver con tanta gente joven muerta en el cementerio?

El anciano lo miró con cariño y le respondió: En este pueblo no le tenemos miedo a la muerte porque sabemos que todos vamos a morir sin saber cómo ni cuándo, por eso vivimos cada día al máximo, a eso se refiere la bienvenida a los viajeros y nuevos visitantes. En cuanto al cementerio, allí hay gente de todas las edades, lo que pasa es que solo se registra la sumatoria de los momentos en que realmente fueron felices, deje que le explique mejor.

Así como usted carga esos libros, cada uno de nosotros llevamos una libreta de notas a donde quiera que vamos y cada vez que nos suceden cosas buenas, disfrutamos o somos felices lo copiamos en ella, ejemplo yo he registrado en mi libreta el día en que nació mi hija, un día que nunca olvidaré fueron 24 horas maravillosas que aún disfruto recordar, también he registrado una deliciosa comida preparada por mi madre quien ya murió en un día de mi cumpleaños disfruté tanto su sabor que repetí son 3 horas más, mi luna de miel fueron tres días maravillosos que se suman a la lista.

De esta manera, cuando yo me muera, tomarán mi libreta y sumarán aquellos momentos en que realmente fui feliz, porque a la final son los que valen la pena recordar, ya que las tristezas, problemas y enfermedades nos roban la vida y hacen que dejemos de ver lo bonito que es, por eso todos tratamos de disfrutarla al máximo. Tristemente, muchos no llegan a los 20 años como usted pudo ver, lo que significa que fueron inmensamente infelices, lo cual no vale la pena.

El caminante agradeció al anciano haberle aclarado sus dudas y desde ese momento decidió quedarse en aquel pueblo, se había dado cuenta y recordado todos los momentos felices que vivió con su familia adoptiva y aquellos momentos de compartir e historias gratas llenas de anécdotas en cada pueblo que llegaba, todos esos momentos comenzaron a invadir su mente, así que tomó una libreta y comenzó a escribir su tiempo de vida, pues quería ser recordado con los años en que realmente fue feliz.

Cuando murió su lápida decía: “Aquí descansa El Caminante, nació el 05-03-1975, edad 35 años, el mayor del pueblo”. Ese día los habitantes leyeron cada una de las historias que había dejado en sus libros y en su nombre crearon una biblioteca de saberes, así cualquiera que quisiera conocer la vida de otros pueblos podía hacerlo a través de su legado.

¿Y tú cuantos años llevas de vida? A veces soñamos con tener una casa para ser felices y cuando la tenemos, necesitamos un carro para poder ser feliz, pero luego deseamos una piscina dentro de la casa y así pasamos la vida, esforzándonos por cosas materiales que a la final nos roban la existencia.

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Reflexión sobre el Cementerio de Vidas

Es hora de comenzar a darle importancia a lo que sentimos y lo que realmente nos hace feliz, compartir con nuestra familia, salir a pasear, comer un rico helado, celebrar un triunfo o una meta alcanzada, abrazar a un ser querido, decir te amo y aprender a decir adiós, son solo algunas de las cosas que debemos comenzar a hacer.

A la final, la felicidad ni se busca, ni se encuentra, se descubre en nuestra propia vida, la hacemos realidad transformando nuestra manera de ver las cosas, haciendo que valga la pena morir sabiendo que tuvimos momentos gratos que llenaron nuestra vida de alegría y amor.

Anima a los que están a tu alrededor a escribir su verdadera edad en base a los momentos que han sido felices, recuerda que la felicidad no es tener todo lo material, es disfrutar, reír, deleitarte con una música, disfrutar de una compañía, y mucho más. Coméntanos qué edad tienen realmente y qué piensas de ello.

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