El fotógrafo de los muertos

El fotógrafo de los muertosMuchas son las capacidades de un buen cuerpo de cámara, con el objetivo adecuado pueden capturarse escenas cotidianas de un modo tal que aparecen detalles que nadie hubiese supuesto nunca. Imaginen ahora las capacidades de un fotógrafo extraordinario, capaz de descubrir a aquellos seres que no quieren ser detectados por ojos mortales.

Esta es la leyenda que relataba Jorge a sus nietos, la de un misterioso caminante de la noche que siempre pasaba por su barrio armado con una cámara profesional de la década de 1970, solo, sin hablar con las pocas personas que deambulaban por las calles a altas horas de la noche se dedicaba a tomar fotos al vacío.

Intrigado por la figura de este hombre misterioso Jorge, a la edad de diez años, decidió escapar un día de su casa para seguirle y saber, si no quién era, por lo menos qué era aquello que fotografiaba con tanta afición.

Una noche salió por la ventana de su habitación cuando sus padres dormían y esperó al hombre. Luego de algún tiempo el fotógrafo apareció de una esquina, desde lejos no parecía tan grande, pero desde la calle era imponente. Pasó por un lado del niño sin siquiera prestarle atención, con su cámara lista para disparar. Jorge cuenta que esa noche caminó sin poder acercarse al hombre que siempre parecía avanzar más rápido que los pasos que daba. Finalmente llegó a una calle en la que alguien gritó su nombre, era Pedro, su vecino. Al sonar la voz del hombre el fotógrafo desapareció sin dejar rastro. Pedro le contó que ese hombre era un ser sobrenatural encargado de recoger a los muertos que vagaban por la noche y llevarlos al infierno, presos en su cámara y que no se debe intervenir en su trabajo.

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