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El hijo de las espigas de oro

cuento El hijo de las espigas de oro

Esta era la historia de una familia que habitaba los campos de Galicia, en esa familia había un niño muy peculiar llamado Xoán que al levantarse cada mañana a ordeñar después se sentaba en el pasto y hablaba con su vaca llamada Carmela, con ella hablaba todos los días, por la mañana, por la tarde, le contaba las cosas que le pasaban a Carmela.

Carmela lo escuchaba y por pereza respondía nada más con mugidos, pero para Xoán esos mugidos eran traducibles, a cada mugido sabía lo que quería decir Carmela, lo que podía sentir, “Ay Carmela, Ay Carmela” le cantaba cuando la ordeñaba riendo de felicidad.

A su vez su familia tenía en los alrededores de la casa un sembradío de trigo, después de pasear y hablar con Carmela, Xoán iba a sentarse bajo un árbol entre los sembradíos de trigo, entonces, se acercaba a la tierra y escuchaba hablar a las espigas de trigo, un día una espiga hablando con Xoán le dijo: “Serás Panadero”

-¿Panadero? ¿Qué es ser panadero? Le dijo Xoán.

La espiga contestó:

-Un panadero es una persona que da vida, que ofrece el alimento necesario para que todos podamos vivir, no hay nada más importante que un panadero, con sus manos nos moldea, nos da unas formas majestuosas, crea aromas nuevas y sabores que sólo puede ofrecer un buen pan.

-¿Cómo puede ser posible? Yo no sé hacer pan

Tu serás panadero, no necesitas hacer pan, ya sabes hablar con nosotras las espigas de trigo, cuando estemos en el pan y estés amasando sólo habla con la masa de trigo, ahí estaremos nosotras, le daremos el sabor que un buen pan necesita, definitivamente Xoán, serás panadero.

Inquieto y confundido Xoán llegó a casa diciéndoles a sus padres que quería ser un panadero, sin embargo su padre desaprobaba esa aspiración, debido a que necesitaba que Xoán lo ayudara en las labores del campo.

Sin embargo a su madre, le pareció tan ingeniosa la imaginación de su hijo que un día decidió hacer pan para que su hijo la observara y pudiera deducir por sí mismo si ese era el oficio que tenía que aprender o por el contrario era mejor que estuviera en el campo.

Para su sorpresa, a poco tiempo de observar a su madre, Xoán pudo aprender lo necesario para amasar y lo demás lo hizo el dialogo que mantuvo con el trigo que estaba en la masa, en su dialogo acordó cual era el sabor y el aroma que quería, su mamá entonces introdujo el pan en el horno de barro que estaba en el patio, el pan empezó a crecer como nunca y contenía un olor como las frutas del trópico.

Su madre quedó sorprendida y cuando llegó su esposo le dijo lo que había pasado y lo trato de convencer para que Xoán aprendiera el oficio de la panadería, el padre se mostraba terco pero en cuanto probó el pan, no pudo negarse a cumplir con el sueño de su hijo.

A Xoán lo envían entonces a una escuela panadera en la Coruña, aprovecha y se despide de su vaca Carmela y de todas las espigas de trigo, que en coro le exclamaron:

-Sigue por los caminos de la bondad y la nobleza, estos son los ingredientes principales de un buen pan, si los llevas contigo serás por siempre nuestro hijo, el maravilloso hijo de las espigas de trigo.

Así inició en la escuela de panaderos, de todos los aprendices Xoán se convirtió en el mejor, al principio siempre destacó por sus hermosos panes mientras los demás que también estaban empezando hacían sus panes raquíticos e insípidos.

Una vez uno de sus compañeros de escuela panadera en un descuido de Xoán arrojó una tasa de sal a los panes de Xoán para que nadie se atreviera a comérselos. Al rato llegó Xoán y probó la masa, cuando arrugó la cara por la cantidad de sal, sus compañeros empezaron a reír nerviosamente.

Entonces Xoán desesperado no sabía que hacer, enseguida habló con el trigo que estaba en la masa, entonces el trigo empezó su obra, el pan se convirtió en un pan dulcísimo que encantó los paladares de los instructores panaderos.

Al suceder eso, sus compañeros se enojaron tanto que un día golpearon con furia la puerta de la habitación de Xoán hasta que entraron, Xoán que nunca había peleado se estaba comiendo un pan y al entrar sus compañeros iban a golpearlo pero Xoán se dio cuenta que el pan que tenía en la mano se había endurecido como un roble, y dándoles en las piernas con el pan logró ahuyentarlos.

Así fue que entonces Xoán fue creciendo y se convirtió en un excelso panadero, el más conocido en La Coruña y en toda la Región de Galicia, incluso tenía su propia panadería que era visitada por los paladares más prestigiosos de la ciudad.

Xoán tenía fama, prestigio y tenía mucho dinero y casi no dialogaba con el trigo nada más que para hacer pan, se había vuelto soberbio y vanidoso.

Una vez se presentó en Galicia una escasez terrible de pan y habían muchas personas hambrientas en la Coruña, un día una chica muy flaca se presentó a la panadería de Xoán pidiendo que le regalaran algo de comer, Xoán que tenía hectáreas de trigo sembrada y no había sufrido escasez ninguna le negó el pan y así hizo con todo el que venía hambriento a pedir algo para comer.

Entonces las espigas de trigo, a sabiendas de los sentimientos de vanidad y de soberbia de Xoán comenzaron a morir, de lo que fueron cientos de hectáreas que Xoán tenía sembradas no quedó nada, el campo a los ojos parecía un desierto.

Los panes que hacía Xoán perdieron todo brillo, con lo poco que quedaba de trigo intentó a hacer pan, pero los panes nacían muertos y cuando salían del horno estaban duros y raquíticos, Xoán se puso tristísimo, empezó a llorar, y a Xoán mas nadie le compró pan, quedó en bancarrota y muy triste volvió a la casita donde vivían sus padres.

Cuando llegó, los abrazó enseguida, por la tarde fue a saludar a su vieja Carmela y a hablar con las espigas que todavía seguían sembradas en las tierras de su padre, éstas le reprocharon su conducta y le dijeron que para seguir siendo el hijo de las espigas de trigo tenía que buscar a todo el que le había negado el pan y ofrecérselo.

Así fue que Xoán se despidió de sus padres y volvió a la Coruña y le cambió el nombre de la panadería, se llamaba ahora el pan de los pobres, todos los pobladores de la Coruña que sufrían de hambruna fueron al pan de los pobres y llegaron a sus casas con el pan necesario.

A causa de esto las miles de espigas de trigo que tenía sembradas Xoán emergieron mejores que nunca y empezó una cosecha que duro lo que Xoán vivió.

Así fue que la Coruña pudo sobrevivir a la hambruna y Xoán recuperó la bondad y la nobleza, nunca más asomó la altivez en su corazón, y siguió siendo para siempre el hijo de las espigas de trigo.

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