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Cuentos de Hadas

Gamín Urianov

Gamín Urianov

Las calles de Moscú en la era post-soviética estaban llenas de vagabundos que por fin podían andar y dormir en las calles sin temer a las férreas medidas que le eran aplicadas bajo el régimen soviético.

Uno de esos vagabundos era Gamín Urianov, este sujeto era hijo de padres alcohólicos y él llevaba ese estandarte, sus padres habían sido llevados a los campos de trabajo de la Unión Soviética pero con las nuevas libertades él andaba caminando las calles de Moscú haciendo toda clase de maromas para conseguir dinero.

Urianov tenía una esposa y varios hijos que vivían en una buhardilla, donde vivían flacos y enfermos la mayoría del tiempo, pero Urianov siempre vivía despreocupado, cuando la suerte llegaba podía llevar algo para alimentar a sus hijos y a su esposa, pero el resto del tiempo andaba ocupado en vagabundear.

Así iba Urianov en el subterráneo de Moscú timando a todo el que pudiera, una vez se le cayó al suelo a una señora un monedero y él enseguida la tomó y obtuvo unos cuantos rublos con los que hizo una fiesta en esa pequeña buhardilla y comieron bien por unos cuantos días, así era la vida que llevaba Urianov.

Otro día haciéndose pasar por mago decía en una cabina del subterráneo que era descendiente de Rasputín y que tenía unos dones que podían sanar diferentes dolencias, al escucharlo un señor que iba en frac decidió abordarlo:

-Señor, por favor, ayúdeme, estoy bastante enfermo, he ido a varios médicos y ninguno me ha podido decir lo que tengo.

Urianov le dijo de forma astuta:

-Camarada con mucho gusto atenderé su requerimiento, le invito esta tarde al Café Stalingrado, ahí pudiera determinar con exactitud cuál es la dolencia que usted tiene, por ahora voy a necesitar 5 rublos de adelanto para cubrir mis gastos, en la tarde acordaremos el precio de total de mis servicios y el valor del tratamiento que tendrá que asumir usted.

El hombre que andaba desesperado salió enseguida a darle las gracias a Urianov y enseguida desembolsilló los 5 rublos que necesitaba y le prometió que estaría en la tarde en el Café Stalingrado.

Urianov de forma altanera, le dijo que él era una persona muy puntual que si no estaba a las 2 de la tarde, él se iba, que no podía estar esperando por el número de pacientes que tenía.

El hombre muy preocupado por su condición de salud, le aseguro que estaría a esa hora y le dio 5 rublos más.

Urianov salió del subterráneo lleno de alegría con 10 rublos en los bolsillos, con eso hizo una fiesta y compró algo de comida y un lindo chal a su mujer, todo eso lo hizo mientras pensaba en el dinero que iría sacando poco a poco a ese anciano enfermo.

Pero algo le preocupaba, ¿Que le iba a decir al viejo? No sabía nada de medicina, ni de salud, entonces pensó antes de ir a la cita pautada hablar con un charlatán que vendía hierbas supuestamente medicinales en las calles de Moscú.

Gasnia era su nombre y después de vender en un sitio se ubicaba en otro, evitando que sus incautos pudieran dar con su ubicación, pero Urianov tenía el olfato necesario para detectar donde se ubicaban los vagabundos de Moscú, lo encontró en un tugurio en uno de esos callejones donde se despachaba vodka a toda hora.

Después de revisar todos los bares del callejón lo encontró en el Bar Raskolnikov, Gasnia estaba jugando cartas con otros vagabundos, entonces vino Urianov y se le acercó a la mesa, le dijo que le tenía un negocio de esos que vuelven millonarios a cualquier vagabundo, Urianov le contó:

-Oye Gasnia, es sencillo, me vas a acompañar a ver un anciano enfermo que seguro le queda poco tiempo de vida, pero sí que tiene rublos en ese bolsillo, tú le vas a recomendar unas hierbas de las tuyas y listo, hacemos la pasta suficiente para disfrutar la vida.

Y no sé equivocaba, el funcionario Ivàn Dmetrev había acumulado riqueza y prestigio, de origen ucraniano, Iván había ocupado cargos importantes dentro de la burocracia controlada por el Partido, se cree que formaba parte de esa élite del Partido que tenía negocios con algunos empresarios que surgieron de esa liberación económica que se inició con el Viejo Gorbachov.

Gasnia que tampoco tenía escrúpulos y le sobraban vicios enseguida dijo que sí pero pedía la mitad del dinero ganado, y por más que Urianov intentó convencerlo para quedarse con más, nada pudo hacer con la astucia de Gasnia.

Así fueron los dos a encontrarse con Dmetrev, el funcionario a pesar de la angustia que tenía por su condición de salud, ya se veía en sus ojos algo de esperanza, el primero en abordarlo fue Urianov.

-Distinguido amigo, tengo el gusto de presentarle al Dr Gasnia Petrovich experto en medicina natural, que tiene en su mano las mejores plantas medicinales de los Urales, recuerde que los habitantes de esa zona de Rusia viven más de 100 años y no envejecen, tampoco usted ha oído que sufran de alguna enfermedad, mueren de acumulación de años pero no de ningún problema de salud.

-Oh sí –Dijo Dmetrev- he leído eso en algún lado, ahorita no me acuerdo, pero fíjese, estoy dispuesto a dar todo lo que tenga para vivir un tiempo más de vida, todavía no me quiero morir ¿Entiende?

Enseguida lo atajó Gasnia:

Sí, distinguido, aquí le traigo el aromático tomillo, yo le voy a dar una dosis de 15 días, pero cómo le dijo el excelentísimo Urianov, estas hierbas suelen ser muy costosas porque crecen en las cimas de los Montes Urales y con las restricciones que aún quedan es muy difícil traerlas a Moscú.

-Dígame cuánto amigo –Interrumpió Dmetrev.

-Aproximadamente 2000 rublos

-Amigo nada es tan costoso cuando se trata de la salud, enseguida sacó del bolsillo dos mil rublos y se los dio a Gasnia, el funcionario se despidió de los supuestos doctores en medicina natural, y se montó en su auto, Gasnia le dijo que dentro de 15 días tenía que venir nuevamente al Café Stalingrado para observar si le había funcionado el tratamiento medicinal, a su vez le indicó la posología del tratamiento.

Pero el distinguido Dmetrev no duraría 10 días, sin embargo murió llenó de esperanzas creyendo que iba a ser curado, la muerte fue tan fulminante que no hubo desengaño en sus ojos antes de morir.

Mientras esto sucedía los dos charlatanes que nunca habían visto tanto dinero, se juntaron en un sinfín de fiestas, a Urianov se le olvidó que tenía familia, los abandonó mientras tuvo dinero y nunca más volvió a la buhardilla, Gasnia y Urianov se hicieron los mejores amigos y derrochaban la plata todas la noches jugando a las cartas y bebiendo Vodka.

Sin embargo, el reloj de la vida siempre da la misma hora, y esa hora le tocó a Urianov, de tanto descuido por el juego y los tragos enfermó, la verdad no duró mucho, cayó sobre las aceras de Moscú y no hubo esposa ni hijos que lo fueran a buscar.

En esa caída, se había derrumbado el Gran Urianov, embaucador de todos, hasta de sí mismo.

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