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La Canción de los Sin Voz

La Canción de los Sin Voz

Ricardo es un niño de 9 años que vive en Perú, su familia lo quiere mucho y entre todos lo cuidan a más no poder, debido a que nació con deficiencias de aprendizajes, un poco de retardo mental y un pequeño defecto físico al caminar, producto de algunas complicaciones cerebrales al nacer; sin embargo cuenta con otras habilidades que hacen que su bella personalidad destaque y sea el centro de atracción en los lugares donde llega.

A pesar de su condición, su madre se ha esforzado por que lleve una vida normal, así que ha estado asistiendo al colegio desde muy pequeño y con ayuda de sus maestros y amigos ha logrado avanzar año a año, estando ya cursando el segundo año de media, lo cual es un orgullos para su familia.

Debido a un cambio de residencia, este nuevo año escolar se tuvo que inscribir a Ricardo en otro colegio, por lo que ha tenido que aprender a hacer nuevos amigos, lo cual no fue tan fácil como esperaba, pues sus compañeros lo trataban muy mal debido a su condición.

Los primeros días lo miraban como si tuviese una extraña enfermedad y nadie se le quería acercar, su mamá cuando llegaba al aula de sorpresa, lo encontraba solo en un rincón y su mirada de tristeza le rompía el corazón. Por lo que se dedicó a pasar de aula en aula presentando a su hijo a sus compañeros y resaltar que su situación no es contagiosa e invitándoles a tratarlo igual que a los demás.

Los días siguientes, la situación de Ricardo mejoró un poco, ya que era más tomado en cuenta por sus compañeros de clase, pero el hechizo duró menos de lo que canta un gallo, debido a que un grupo de niños comenzaron a ponerle apodos y en su momento libre o de receso siempre lo buscaban para burlarse de él diciéndole frases como: “Mira mongolito” “Yo soy la bella y tú la bestia” “hecha para allá retrasado” “Eso loquito” “A feo” y muchas frases más, que día a día le fueron bajando su autoestima.

Por eso, Ricardito prefería quedarse en el aula de clases sin salir, su tristeza era inmensa, tanto que a veces se quedaba llorando solo al ver a los demás riendo y divirtiéndose y él sin poder hacerlo. Pero eso no era todo, todos los días su mamá tenía que irlo a buscar al colegio, pues esos mismos niños le lanzaban papeles, piedras y cualquier cosa si este se cruzaba en su camino. Y cuando su mamá no podía ir a buscarlo, Ricardo se aseguraba de ser el último en salir del colegio, para evitar cruzar su camino con las personas que le hacían daño.

Habían días que su mamá no quería que el fuera al colegio por temor a que quienes lo acosaban llegaran a maltratarlo físicamente, sin embargo, ambos sabían que no podían desistir. Mucho les había costado llegar hasta ese lugar para retroceder, por lo que luchaban día a día, Ricardo aguantando ser maltratado y su madre pidiendo ayuda en el colegio a sus profesores y compañeros.

Aunque Ricardo fue perdiendo su bella sonrisa y alegría, nunca se dio por vencido, pues su meta era ser aceptado por todos en el colegio para poder convivir con ellos con toda normalidad. Un día, el profesor de la clase anunció un concurso de canto, al preguntar quién quería participar, varios alumnos del salón levantaron sus manos y Ricardo también, sus compañeros se rieron y burlaron de él, pero Ricardo insistió en que quería participar, fue tanta su insistencia que lo anotaron para el evento.

Ese fue el primer día que llegó a su casa con una sonrisa, contándole a su mamá que se había anotado para un festival de canto, pidiéndole que lo ayudara a seleccionar la canción que iba a cantar, ambos estaban muy contentos y comenzaron a prepararse para las eliminatorias, ya que se habían inscrito más de 40 alumnos y sólo participarían 10 de ellos.

Las eliminatorias del concurso comenzaron rápidamente y eran en secreto, solo los profesores de música con los aspirantes eran los que podían asistir a cada ronda eliminatoria, donde quedaría un alumno por salón para que los representará. En la primera eliminatoria eliminaron 10 alumnos y Ricardo avanzó, en la segunda 10 más y nuestro amigo volvió a pasar de ronda y en la tercera ronda eliminaron otros 10 y Ricardo quedó como representante de su salón.

Sus compañeros no lo podían creer, aun así dudaban de la capacidad de Ricardo para cantar y ganarles a todos los demás, decían que los profesores de música le habían tenido lástima y por ello lo dejaron en el concurso. Muchos de los que fueron eliminados se enojaron mucho a tal punto que se quejaron en dirección, pero sus quejas no fueron aceptadas. Ricardo estaba muy feliz, se había ganado el cariño de muchos profesores que lo vieron cantar y esperaba con ansias el día del festival para que todos vieran que él era igual a los demás a través del canto.

Un día, su mamá no pudo ir a buscarlo al colegio y este se vino sólo, pero en el camino se encontró con algunos de los participantes que habían eliminado y le propinaron una gran paliza amenazándolo que no volviera al colegio o sería castigado nuevamente. Ese día Ricardo sufrió fracturas en su cadera y brazo izquierdo, además de moretones en todo el cuerpo.

Su mamá estaba muy indignada por lo ocurrido, pero Ricardo le pidió que no hiciera nada, que los dejara tranquilos que en alguna parte había un ser divino que se encargaría de que pagaran lo que habían hecho. Esos días Ricardo tuvo que quedarse en casa recuperándose de sus heridas y aunque no lo crean seguía practicando para el festival de canto, pues él decía que esa era su oportunidad de que lo conocieran de verdad.

Faltaban 20 días para el festival y Ricardo en casa no dejaba de hablar de ello, la voluntad y ganas de cambiar su historia eran más fuerte que los dolores de su cuerpo. Su madre estaba asombrada de la rápida recuperación de su hijo y cada día estaba más orgullosa de él y su forma de asumir los problemas que se le iban presentando a su corta edad.

Una semana antes del concurso recibió la visita de los profesores de música y algunos alumnos de su salón, quienes querían saber si podría participar en el festival de canto; al verlos Ricardo se sintió muy feliz, pues era la primera vez que veía en ellos interés por su persona y les recibió con mucho cariño confirmándoles que sí participaría en el concurso, pero que a lo mejor tendría que ir con muletas para evitar hacer peso en sus costillas que aún estaban sanando.

De esta manera, sus profesores lo pusieron al día con toda la información del concurso y algunos detalles importantes para su presentación. Sus amigos también estaban entusiasmados porque podían escuchar a Ricardo practicar en su casa, dándose cuenta de su gran don para cantar.

Cinco días antes del festival Ricardo tuvo una recaída y ameritó ser hospitalizado, pasó de estar muy activo a no decir una palabra, había sufrido una hemorragia interna que no fue detectada por los médicos a su tiempo y estaba muy mal. Su madre no sabía qué hacer, pues los doctores no le daban ninguna noticia positiva al respecto, lo filtraron pero no decía una palabra, estaba totalmente en estado vegetal, su madre no se separaba ni un solo día de su lado, pues temía lo peor si se iba de su lado.

Así Ricardito estuvo por tres largos días, hasta que despertó y lo primero que vio fue a su madre dormida tomando su mano, sonrió y comenzó a cantar, al escucharlo, lloró de la alegría pues su hijo había vuelto a la vida; todos en el hospital se alegraron mucho y al otro día ya Ricardito estaba en su casa como si nada hubiese pasado.

Era impresionante ver su capacidad de mejorar y de olvidar, lo cual es muy difícil para algunas personas, ya que normalmente nos llenamos de rencor y deseos de venganza si alguien nos hace daño; pero Ricardito era diferente, él solo pensaba en la oportunidad de que todos puedan conocerlo y tratarlo como un niño normal. Así que se preparó muy bien para su presentación, su mamá estaba hecha un manojo de nervios mientras más se acercaba el momento y él como si nada.

Llegado el día del festival de canto, todo el colegio estaba ubicado en el patio central, eran las 3 de la tarde y comenzó el evento, pero Ricardito no había llegado, comenzaron a pasar uno a uno los participantes, el turno de Ricardito era el 5° pero aún no estaba allí, sus compañeros pidieron que lo dejaran de último y antes de ser llamado, Ricardito llegó al colegio caminando con sus dos muletas aún y antes de cantar quiso decir una palabras a todos los presentes expresando lo siguiente:

“Hola a todos, yo soy Ricardito y estudió aquí, sé que no soy igual que ustedes pero si miran al que está a su lado no creo que sea igual que tú, todos somos diferentes y yo no puedo ser la excepción. Públicamente perdono a todos los que de alguna manera me han hecho daño, yo soy quien para juzgarlos pues allá arriba hay alguien que cuida de las personas que sufren como yo, pues yo soy una muestra de ello.

Cuando yo me vaya, si llega otra persona diferente recíbanla con cariño, nadie merece ser maltratado, mal visto o juzgado por cómo se ven, a veces lo mejor está escondido dentro de cada persona, aunque también se suele esconder lo peor. Traten a los demás con respeto y amor y recibirán lo mismo a cambio”

Culminadas sus palabras, Ricardito comenzó a cantar, su hermosa voz arropó todo el lugar, fue un momento mágico para todos los que estaban presentes, parecía que un ángel había comenzado a tocar cada uno de sus corazones. Todos terminaron con lágrimas en los ojos, se abrazaron y ofrecieron el más sonoro aplauso a este joven que cantó en nombre de los que no tienen voz.

Y no tengo que decirles quién ganó el concurso, pues todos e incluso los otros participantes participaron en la gran ovación a Ricardito, allí no hubo que deliberar, ya tenían al ganador absoluto del festival.

Desde ese día, la vida de Ricardito cambió completamente, sus amigos los buscaban para trabajar en el aula, su madre ya no lo conseguís solo como antes y sus profesores le tenían mucho cariño y estaban pendiente de él. Durante sus horas libres, los alumnos de otras secciones lo iban a buscar para que cantara para ellos, los apodos desaparecieron y en el regreso a casa era custodiado por los compañeros de clase que se turnaban para no dejarlo solo.

Ya su sonrisa había regresado a su cara, volviendo a ser el mismo de antes. Los chicos que un día golpearon a Ricardito se acercaron a él para pedirle perdón y agradecerle por no haberlos denunciado y se unieron al grupo que lo cuida camino a casa.

¿Qué nos enseña La Canción de los Sin Voz?

Esta historia no seguirá teniendo un final feliz hasta que no aprendamos a aceptar a las demás personas tal y como son, disfrutando de la diversidad que nos brinda la vida, aceptando las diferencias y aprendiendo a adaptarnos al mundo, porque difícilmente el mundo se adaptará a nosotros.

Recuerda que la riqueza de la vida está en los diferentes colores, tamaños y formas; sonríe y verás como todos a tu alrededor también lo harán, pero sobre todo haz como Ricardito “aprende a amar y a perdonar”, solo así seremos capaces de ser felices sin dañar a los que se encuentran a nuestro alrededor. Conviértete también en un niño o una niña cantante que lleve lejos la voz de los que no tienen con que cantar.