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Cuentos de Hadas

La confusión del Anacoreta

La confusión del Anacoreta

Era una vez un hombre llamado Néstor que vivía en Florencia, era un hombre de buena posición social, tenía demasiado de dinero y muchos sirvientes a su disposición que le traían todo lo que él pidiera.

A su vez, Néstor era muy aficionado a toda clase de vicios, siempre vivía embriagado y mujeres nunca le faltaban, no había manera de calcular cuantas mujeres estuvieron con él, de esto practicaba con sus amigos de bebida con bastante petulancia.

En una ocasión en una de esas noches estridentes que estaba demasiado ebrio en el tugurio donde estaba se armó una pelea, en donde Néstor quedó sangrando y mal herido, tanto así que cuando lo llevaron a casa estuvo muy cerca de la muerte.

Durante la convalecencia, Néstor pensó mucho acerca de su vida, de las cosas que había hecho y del significado de todo, la respuesta fue rotunda como el llamado de una aldaba sobre una puerta, nada, todas las cosas que había hecho Néstor no habían servido para nada, por tanto, el en sí como persona era nada, él era lo absurdo y no tenía conciencia de ello, tenía desperdiciada la mitad de su vida y la había arrojado al suelo como un niño arroja un juguete sobre el piso frío de la nada.

Ante esto decidió deshacerse de todo lo que le sobraba y como se sobraba a sí mismo intentó varias veces sin tener éxito quitarse la vida, después se dio cuenta que era absurdo lo que hacía, que cuando vivía a esa vida maltrecha de placeres, también estaba intentando abandonar su vida pero de otra manera.

Entonces Néstor, tirado en un árbol todavía sin estar recuperado del todo, vio las aves volar, las flores caer, el agua del arroyo sonar, oyó, vio y palpó como nunca en su vida lo había hecho, se dio cuenta que lo que tenía que hacer de diferente era habitar, habitar su vida de sí mismo y de todos los seres y habitarlo de lo más grande, de algo inmenso, tenía que llenarse de Dios.

Un día ya recuperado física y anímicamente se deshizo de lo que realmente le sobraba, regaló el palacio a unos mendigos que vivían en las calles de Florencia, a su vez tiro toda su riqueza como un trasto de basura fuera del palacio junto con los vestidos más lujosos.

Así fue que un día Néstor se convirtió en Anacoreta y un día se embarcó para Alejandría buscando en las arenas del desierto la ignorancia, el desapego y el sacrificio total, ser habitado por Dios, sentir la llama de amor que lacera la piel a cambio de la plenitud total del amor de Dios.

Néstor entonces era otra persona, aquel hombre que en otrora lucía trajes lujosos y extravagantes ahora vestía de harapos y se mantenía en ayuno y oración durante todo el día.

Varios días duraba Néstor orando y ayunando en el desierto luego regresaba a una gruta que había encontrado y donde tenía nada más una mesa, una silla, una biblia y una vela, en esa gruta pasaba los días ayunando, absorto en la lectura de la biblia y orando a Dios.

Sin embargo, una noche mientras dormía, se escuchó un rugido horrible en la entrada de la gruta, el anacoreta dormía profundamente a causa de haber pasado tres días en las arenas del desierto, el león arrojó la piedra que tapaba la entrada de la gruta y fue avanzando sigiloso, cuando vio al anacoreta acostado en el suelo en un sueño profundo, hambriento y furioso empezó a rasgarle los harapos con los dientes.

El Anacoreta despertó con lentitud como de una pesadilla, y cuando entendió lo que veían sus ojos enseguida empezó a orar, oraba y oraba y nada.

El León entonces ante la rara conducta del eremita exclamó:

-No sé lo que haces, pero hagas lo que hagas vas a terminar en mi estómago, tengo cuatro días muerto del hambre y aunque seas solo carne y pellejo no estoy para desperdiciar un saco de huesos como tú.

El anacoreta que oraba desesperadamente ante el temor que tenía, tuvo una visión donde lo visitó un ángel que le dijo:

-Te desprendiste de todos tus bienes materiales, pero aun tienes mucho miedo y desconfianza en la obra de Dios, Nuestro Padre necesita almas valientes, tu alma todavía no ha sido ganada para el Señor, abandonaste tu ciudad y creías que en esta gruta se encontraba el Señor, y el señor no está aquí contigo, esto te manda a decir.

Al terminar la visión del ángel, el cuerpo del Anacoreta Néstor se desplomó como granizo del cielo y el León ante la cobardía del anacoreta le dio tanta lástima que lo abandonó a su suerte.

Pasaron las horas y una hiena buscando refugio se introdujo en la gruta y encontró al anacoreta tirado como un cadáver en un profundo sueño, la hiena se le acercó lentamente y le lamió los pies hinchados por la rudeza del desierto, pudo levantarse poco a poco y el anacoreta empezó a insultar a la hiena, el animalejo con amplia sabiduría le contestó:

Hombre triste, ¿Porque pagas toda tu desdicha conmigo? Estás tan solo hombre triste, solo desde nacimiento y aún no te has dado cuenta, sigues buscando compañía, te has llenado de cosas, sin haberte habitado a ti mismo, ¿Hasta cuándo vas a andar caminos que no son dados para tus pies? Vuélvete a ti mismo, ruega para ti, ayuna para ti, no sigas buscando la salvación afuera, mirar hacia todas las direcciones solo te dejará desaliento y frustración

El anacoreta con desparpajo salió huyendo de la cueva, y abandonando todo, caminó y caminó hasta al mar, y se montó en un barco que lo regresó a Florencia, en Florencia habiendo dejado su vida de anacoreta se convirtió en un mendigo hasta que fue rescatado por su familia, y poco a poco se fue recuperando de la situación en la cual se encontraba.

Muy confundido Néstor se sentó a meditar todo lo sucedido, todas esas cosas que habían pasado, sus aciertos, sus fallas, dándose cuenta que nunca en su vida había vivido para sí, desde ese momento, Néstor fue como la brisa y pudo darle alivio a esa borrasca que llevaba dentro y lo vaciaba.

Volvió a la simpleza con la cual había nacido, se dio cuenta que su humanidad era tan endeble como un tallo de una planta, pero tan flexible como una de ellas, Néstor siguió viviendo de forma placida y fue ocupando el espacio que nunca había habitado, en ese lugar construyo un palacio que llenó de cosas hermosas, de aquellas que suceden por dentro.

En este espacio se detenía sobre sí, oraba sobre sí y podía estar con dios y con todas las cosas sin necesidad de la violencia provocada por la mentira que hacen los hombres tristes de sí mismos.

Así fueron apareciendo situaciones nuevas en su vida cotidiana, pronto Néstor que nunca había trabajado para ganarse el pan aprendió un oficio y se casó son una bella mujer que era tan sencilla como las flores que emergían de la tierra, así sin buscarlo, buscándose a sí mismo y luego ocupando el espacio de sí, fue feliz.

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