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Cuentos de Hadas

La Vaca Marisela

La Vaca Marisela

Esta era una historia de una granja, donde vivía un perro, una vaca, un conejo y una cabra, los cuatro vivían tristes en la granja, donde vivían encerrados siempre yendo a los mismos sitios, ya sé sabían todos los espacios de la granja, que aburrido era estar ahí, cada mañana y cada crepúsculo se les hacía un peso insoportable, y todos los días hablaban acerca de su libertad y por la noche soñaban con ella.

Así fue que un día la Vaca Marisela se le ocurrió llegar hasta el cercado más distante de la granja que colindaba con un espeso bosque, y con sus cachos abrió un túnel debajo del cercado donde pudiera pasar ella.

En la noche antes de acostarse se reunió con los demás animalitos y les contó acerca del túnel que había hecho, les habló de la libertad y lo bonito que sería que todos los animales pudieran vivir libres sin ningún amo a quien obedecer.

Al final logró convencerlos a todos y al otro día antes de salir el sol todavía con la luna y la bruma se animaron a buscar la libertad, todo fue muy sencillo caminaron y caminaron y se adentraron en la espesura del bosque donde decidieron tomar un descanso.

La vaca los animó a construir una linda choza donde pudieran vivir todos juntos compartiendo todo lo que consiguieran ayudándose unos a otros, esto generó suspicacia en las demás criaturas, creían que la Vaca Marisela se quería adueñar de todos ellos, de todo lo que consiguieran.

Por eso el Perro Jorge enseguida ladró con desaprobación y les dijo que si él había salido de la granja fue para ser verdaderamente libre y no para amarrarse en otro yugo, por eso él iba a hacer su propia casa donde disfrutaría solo de todas las mieles de la libertad.

Los otros aunque no fueron tan bruscos en el habla también opinaron lo mismo y la dejaron sola, a pesar de esto, la Vaca Marisela les dijo que ella haría una casita donde cupieran todos por sí se arrepentían y quisieran vivir con ella.

Los demás hicieron sus casas en distintos lugares, buscando estar a una distancia considerable de cada uno para preservar su privacidad, así empezaron a vivir con mucha suspicacia y siendo recelosos con los otros animalitos del bosque, ninguno de los animalitos se quiso acercar a estos vecinos, alguno que otro lo hizo y fue tratado de forma muy atorrante y altiva, incluso hablándoles de demarcaciones, pero nada sabían los animalitos de líneas fronterizas y exclusivas.

Sin embargo, la vaca fue la excepción, ella si supo hacer las mejores relaciones con los demás animalitos del bosque, era muy querida por las ardillas y amada además por las mariposas, los monitos tan coquetos también la adoraban, uno había nadie en el bosque que no tuviera contento con la alegre y solidaria Marisela.

Hubo una época que en otros bosques aledaños hacía una sequía tremenda y un trío de leopardos avanzaron hacia el bosque donde vivía la Vaca Marisela con otros animalitos de la granja en busca de agua, venían muertos de hambre y sedientos, así fueron poco a poco caminando hasta que encontraron un arroyo cristalino y arrojaron sus hocicos bajo el agua y estuvieron tomando agua un buen rato hasta que se saciaron.

Luego avanzaron y al ver la primera casa se detuvieron y llegaron a la casa del Conejo, el Señor Conejo que había leído muchos libros se dirigió con elegancia y holgura a los visitantes y a la manera francesa les pidió que se retiraran de su hogar.

Los jaguares dijeron en coro:

-Querido Conejo ni loco dejaremos a un vecino tan hospitalario como tú que habla de forma tan suave.

-Gracias pero no, retírense, les dijo el conejo.

-¿Retirarnos? Si ya te llevamos en el corazón, ahora será justo Conejo que te llevemos en el estómago.

Luego de decir esto, los leopardos se arrojaron sobre el conejo e hicieron un banquete, sin embargo no era suficiente carne para la dura hambruna que habían vivido, por eso reposaron un poco y siguieron hasta una casa que vieron a lo lejos.

Por fin llegaron a la casa de la Señora Cabra, era una cabra ordinaria y soez gritándole toda clase de improperios les exigió que abandonarán su hogar, los leopardos sólo la veían como con una sonrisa de hienas.

-¿Ya dijiste todo? Dijeron en coro los leopardos.

-Sí contestó la Señora Cabra

-Bueno, que comience el banquete. Gritaron eufóricos los terribles leopardos, y se comieron a la Señora Cabra.

Con ese banquete que se dieron los leopardos reposaron un rato la comida y fueron a un arroyo donde bebieron más agua para terminar de digerir la cabra, luego ya satisfechos se sentaron a dormir debajo de un árbol.

Ya todo el bosque estaba alerta, los pájaros habían informado a todos de lo acontecido, la Vaca Marisela anduvo preocupada pensando en lo ocurrido y lo que les podía pasar a sus amigos de la granja.

Esa misma tarde, fue a donde el Perro Jorge, que era el único que quedaba vivo, pero el Perro Jorge suspicaz y altanero le dijo que él no creía en cuentos de camino, que se retirara de su casa, que si aparecieran unos gatitos por el camino, él los echaría a ladridos.

La Vaca Marisela se retiró pesarosa llorando por todo el camino por lo que le pudiera pasar al Perro Jorge, y parecía que la Vaca no sé equivocaba después de haber dormido lo necesario y digerido la Señora Cabra se les abrió el apetito y siguieron avanzando hacia la próxima casa, era la casa del Perro Jorge.

Cuando el Perro Jorge vio a los leopardos enseguida les enseñó los dientes, levantó la cola y empezó a ladrar, ladró con tanta furia que la saliva de la rabia se le desprendía de la boca, sin embargo los leopardos reían como hienas, y le decían que se calmara, que no se lo comerían.

El perro se calmó para escuchar a los leopardos, éstos habían visto las huellas de una vaca y le dijeron que sí les decía donde vivía la vaca le perdonarían la vida, así fue como el Perro Jorge acunó la traición en su corazón y acompañó a los leopardos a donde vivía la vaca.

Cuando llegaron los leopardos vieron a la vaca y vieron que era una vaca gorda y de buen tamaño, y soñaron con hacer un festín con la carne de la Vaca Marisela, pero todos los animales del bosque estaban esperando la llegada de los leopardos, enseguida salieron los monos con unos palos y empezaron a golpear a los leopardos y más atrás las ardillas les lanzaban bellotas.

Los leopardos antes de huir del bosque pasaron por la casa del Perro Jorge y se lo comieron, la vaca en agradecimiento a los animales del bosque les hizo un postre que acompañaron con leche fresca.

La maldad, la traición, el egoísmo y la arrogancia condujeron a los animales de la granja al estómago de los leopardos, si hubieran sido solidarios y alegres como la Vaca Marisela estuvieran salvo, Marisela ya no los extrañó más, ahora tenía buenos amigos que la querían de verdad.

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